martes, 5 de octubre de 2010

d o s

Ella continuaba sumergida en sus recuerdos. Aquel que la atormentaba más que cualquiera, el que causó ese cambio en ella. Era ese hombre perfecto que todas esperan, acompañado de flores y canciones, de momentos que parecían los adecuados, pero todo fue un juego, una broma cruel. Fue cuando decidió permanecer sola, no aceptar a nadie.
Pasaron muchos meses antes de que él se decidiera a a acercarse. Primero intentaba toparse con ella en el ascensor, mientras ella permanecía en sus pensamientos sin siqiera observarlo pero con pequeñas sonrisas ocasionales para otorgarle un día mejor. Después, se armó de valor y comenzó a dejarle una flor en su escritorio, una diferente cada día.
Ella lo veía acercarse, lo veía en el ascensor, y no quería pensar en nada, pero después de dos semanas y media, era demasiada coincidencia. Después llegaron las flores, y fue cuando casi entro en pánico, pero siguió con la teoría de no sacar conclusiones, de no pensar. Decidió dejarlo ser, que se dierea cuenta solo que con ella no se jugaba.
Él no entendía porque no cruzaba palabras con él, nada más allá del "buenos días", "si, por favor" o "gracias". Él esperaba más, quizá que preguntara por las flores, pero nada venía de ella, parecía decidida a negar lo que pasaba, pero eso no lo detendría, ya era tarde, la decision había sido tomada.
Ella se preguntaba que era lo que el podría querer. No había nada de especial en ella, de eso estaba completamente segura. Era obvio que solo quería jugar con ella, hacerle daño, causarle dolor. Pero por qué a ella? Qué le había hecho ella?
Él solo quería abrazarla, sentirla junto a él, hablarle de su amor. Contarle de sus planes, de los que ella era parte. Una bella casa con un gran jardín lleno de árboles, tardes felices, viajes al campo o a la playa, noches de peliculas, mañanas de hot cakes.
Ella no veía señales, ya no podía identificarlas. Era normal, toda una vida huyendo de ellas, y por fin lo había logrado. Para ella, él solo buscaba lastimarla, y no cabían más opciones. Pero no podía irse, no podía estar lejos de él, algo la detenía. Fue entonces cuando comenzo a disfrutar las atenciones.

sábado, 2 de octubre de 2010

u n o

Ella era parte del mundo,una más en el monton, no había nada que llamara mucho la atencion, que lograra que voltearan a verla. Pero entonces sonreía y el mundo se detenía, su rostro se iluminaba y todo se veía diferente, o al menos, eso era lo que él sentía.
Él causaba que todas voltearan a verlo. Sin tener que esforzarse, todas caían ante él. Pero como ocurre en la mayoría de estos casos, él no quería a ninguna otra, solo a ella, y sufría al verla pasar, al sentir su indiferencia.
Ella lo veía, y sabía que jamás sería para ella, no había forma de que la notara, era demasiado perfecto.
Él intentaba acercarse, hablarle, buscaba las palabras perfectas para ganarse su corazón, pero no encontraba el momento, los nervios siempre ganaban.
Ella aprendió a vivir ignorando su presencia, para no perder la cabeza, no caer por su sonrisa. Sabía que si se dejaba atrapar, saldría perdiendo.
Él dejo de intentar, sólo la veía caminar a su escritorio, preparar su café con crema y dos cucharadas de azúcar, la observaba jugar con su cabello al atender el teléfono, la mirada de frustración en su rostro al explicar asuntos a sus compañeros, la sonrisa triunfante que se dibujaba en su rostro al finalizar la jornada. Sentía que la conocía, incluso más que a nadie en toda su vida.
Ella seguía su rutina, disfrutaba su soledad, no buscaba compañia. Mantenía las mismas amistades de siempre, frecuentaba los mismos lugares. Ya no soñaba con castillos ni principes encantados, sabia que todos terminaban siendo simples sapos que jamás cambiaban. Ya no buscaba aventuras fantásticas, ni mucho menos emociones fuertes para cambiar la rutina. Todo era igual día trás día.
Él escribía cartas que jamás le entregaría, inventaba canciones que ella no escucharía, le hacía poemas, dibujaba su rostro, solo para sentirla cerca. Guardaba sus ilusiones en esa caja azul, la misma que lo acompañaba a todos lados, debajo de su escritorio, o en la cajuela de su auto, o sobre la mesa en su casa, siempre junto a el, llenando los espacios vacíos que le pertenecían a ella.
Ella recordaba amores pasados, la primera vez que sintió que el mundo se movía. Era tan pequeña, pero aún así estaba segura de lo que era, sabía lo que era eso que sentía al ver a su vecino pasear en su bicicleta. Después recordaba a áquel jóven con el que hacía tareas, áquel que siempre pedía su ayuda, para el que siempre tuvo tiempo, hasta que encontro a su chica perfecta y se alejó, dejándola sumergida en la confusión y la tristeza.
El volvía a su casa, sufría, se encerraba. Sus amigos lo veían distinto, sentían que algo pasaba, pero no daba explicaciones. Prefería que nadie supiera. Cómo explicar el rechazo de aquella mujer, esa que parecía tan sencilla, tan simple, tan aburrida_ Pero el sabía que había más, estaba seguro que dentro de ella las cosas eran diferentes, había algo muy especial, pero no podía atravesar la barrera....